Pozo de Dionne Tonnerre

El favorito de Rémé

©OT2CYT - Yann Frediani

El pozo de Dionne

La primera vez que vi el pozo de Dionne, fue amor a primera vista. Su nombre, Fons Divona, me intrigó inmediatamente. Evoca una época lejana, la de la diosa gala de los manantiales, y sentí que había algo especial, casi sagrado, en ese lugar. Las aguas del pozo son fascinantes, están en constante cambio. A veces son claros, a veces turbios, cambiando del azul al verde, del turquesa al esmeralda, todo depende de la luz, la hora del día, la estación. Es una vista que me cautiva cada vez que la visito. Lo que también me impresiona es el entorno. El lavadero, las piedras que lo rodean, todo parece detenido en el tiempo, como si la historia todavía estuviera ahí, presente, en cada rincón del foso. Cuando subo la muralla y miro hacia el pozo, tengo la extraña sensación de que el agua también me está mirando. Es un agua tan profunda y tranquila, casi hipnótica. Hay algo misterioso y atemporal en ello.

Rémé, asesor de viajes, representante del impuesto turístico de la CCLTB, responsable del etiquetado, la comercialización y el observatorio
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